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sábado, 24 de septiembre de 2016

Naranja oscuro.

Querido otoño,
te echaba de menos.

Contigo en mi vida puedo ver el cielo desde mi ventana, encontrarme un mar naranja y oro cuando miro hacia arriba y otro cuando miro al suelo. Puedo coger todas las hojas que has dejado caer y hacer una montaña con ellas, olvidarme de los bichos y tirarme de cabeza aunque me descoloque tres vértebras en el proceso. Puedo abrigarme hasta que sólo se me vean los ojos y saber que aún así vas a colarte entre la ropa con ese frío tan característico tuyo. Puedo volver a mis bufandas con olor a vainilla. Puedo volver a sentarme frente al fuego y perder la noción del tiempo perdida entre las llamas.

Puedo quejarme de lo horrible que va a ser sacar a la perrita a pasear nada más levantarme, todavía en pijama, pero sé que es a ti a quien necesito para terminar de despertarme.

Me animas a acurrucarme en el sofá, poner una película y no hacerle ni caso porque voy a estar mirando tu obra de arte. Me haces querer escribirle una carta a Van Gogh, preguntarle si querría pintarte, y decirle que esa alegría que tanto buscaba está en tu amarillo y naranja oscuro; decirle que siento muchísimo que se sintiera tan solo y triste, y que todo su trabajo sigue emocionándonos a día de hoy. Confesarle que me recuerdas a él y que él me recuerda a ti.

Quizás por el color, quizás por la nostalgia, a veces porque las dos juntas se convierten en otra obra de arte.

                                                 Contigo todo es frío pero todo es cálido.

                   Eres mi naranja oscuro, mi amarillo felicidad, mi dorado triste.


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