Contador de visitas

martes, 17 de mayo de 2016

Estrellas fugaces.

En ocasiones tenemos la suerte de toparnos con una persona que nos deja una pequeña marca, que aparece para dejarla y se va igual de rápido. Nos enseña un nuevo aspecto de nosotros mismos, y se va cerrando la puerta despacito; para que nos demos cuenta de que se ha ido, pero sin dar un portazo que nos deje mal sabor de boca.

Suelo llamarles estrellas fugaces.

Hace tiempo, años quizá, tuve la suerte de conocer una estrella fugaz. No se quedó mucho tiempo. Diversos factores externos provocaron una despedida que, sorprendentemente, no fue dolorosa. La recuerdo con el cariño de siempre, y todavía sonrío al pensar en ella.

Tenemos la mala costumbre de no prestar atención. Somos unos animalillos bastante despistados. Perdemos el bus, llegamos tarde al trabajo, olvidamos dónde está el cargador del móvil, nos volvemos locos buscando las gafas cuando las llevamos puestas, cerramos la puerta de una habitación olvidando que hay un gato dentro (lo siento, Neo), no nos damos cuenta de que el café se está enfriando, pasamos por alto una estrella fugaz.

No lo hagáis. Estad atentos. ¿Cuántas estrellas fugaces habrán pasado por nuestras vidas sin que nos demos cuenta? No perdáis detalle, agarráos a la lección que os traigan; ya sea envuelta en una despedida, en una discusión, o tan silenciosa que encontrarla parezca imposible. El envoltorio no cambia el valor del regalo.

Personalmente, me quedo con la lección que me dejó.
Recuerdo la frustración que sentía, casi parecía que mi falta de inspiración había entablado una batalla a muerte con mis ganas de escribir, y llevaban meses empatados.

Y entonces ella me dijo, "si no se te ocurre sobre qué escribir, escribe precisamente sobre eso."


En ocasiones tenemos la suerte de toparnos con estrellas fugaces.