Contador de visitas

jueves, 18 de junio de 2015

Catástrofes y personas.

Tenemos la costumbre de relacionar y comparar humanos con animales. Un águila, un lobo, un tigre...

Personalmente, yo creo que tenemos más cosas en común con catástrofes naturales.

Siempre habrá ese huracán que entrará en nuestras vidas sólo para ponerlo todo patas arriba. Para cambiar nuestros pensamientos de lugar, para lanzar recuerdos a la otra punta de nuestro subconsciente, e incluso se las arregla para dejar partes de nosotros mismos hechas jirones; versiones y trocitos de personalidad que nos componen, y que quedan totalmente irreconocibles tras su paso.
Pero también nos convierten en una página en blanco, y a la vez llena de garabatos. Nos da la oportunidad de utilizar parte de nuestro tiempo para recolocarlo todo, para recuperarnos del golpe, para encontrar de nuevo aquello perdido y, en ocasiones, para cambiar algo que no termina de convencernos.

Existen, también, las inundaciones. Algo casi imposible de predecir, y que para cuando llega el momento en el que nos damos cuenta de lo que se nos viene encima, ya es demasiado tarde. Podemos escapar, pero no del todo. Arrasa todo lo que encuentra a su paso, y su impacto repercute no sólo en nuestras vidas, si no en la de aquellos que nos rodean también. Se lleva todo consigo, y no nos queda más remedio que empezar de cero. ¿La diferencia? A partir de esa experiencia sabremos a qué clase de personas... perdón, lugares, no debemos acercarnos.

Y los incendios. Esas fuerzas prácticamente incrontrolables, salvajes y casi cegadoras. Desde un punto de vista, se nos antoja incluso hermoso, y el fuego se aprovecha de ello para seguir calcinando y consumiendo todo lo que se cruza en su camino mientras nosotros necesitamos un poco más de tiempo para procesar el daño que se está inflingiendo bajo esos colores hipnotizantes.
Esta vez, tenemos la oportunidad de salir completamente ilesos, de convertir la experiencia en un simple recuerdo desagradable que desaparece con el tiempo. Podemos incluso reducir las llamas y sofocarlo antes de que pueda provocar daño alguno.


Existe un motivo por el que escojo las catástrofes naturales. Seamos conscientes de ello o no, ninguna vida completa su curso sin recibir la visita de alguno de esos desastres.

 Y es que, amigos, somos seres destructivos.