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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tierra Media.

A veces me gustaría poder decicarme a la enseñanza.

Nada de historia, idiomas o matemáticas (aléjate de mí, Satanás). Me gustaría poder enseñar sobre las personas. Sobre lo que nos une y lo que somos en el fondo.

Me gustaría llevar un caja llena de chocolatinas a clase y comenzar a citar frases de libros, de películas, de series, de filósofos. Sólo citarlas. Y aquellos que adivinen el origen se llevan una chocolatina. Que al final de la clase la caja esté vacía, y explicarles entonces que el hecho de que ahora todos ellos tengan una es porque nos une algo mucho más fuerte que la sangre o incluso el amor; nos une la memoria y el tiempo.

Porque esa cita de ese libro que ese chico ha adivinado antes que otros tres significa que aunque los cuatro la reconocieron, sólo uno la tenía lo sufucientemente grabada a fuego como para adivinarla con más rapidez que el resto. Significa que en un punto de su vida la ha escuchado o leído, y algo en su significado ha hecho que la recuerde tan intensamente. Será una frase que quizás avive la curiosidad en aquellos que no la conozcan, y que les empuje a echar un vistazo a su origen; quedándose con ella o con un distinta, pero dejando una pequeña marca en su memoria al igual que lo hizo con los cuatro que ya la conocían.
Explicarles que el hecho de que todos y cada uno de ellos haya adivinado esa cita de esa película de moda y actual no significa en absoluto falta de originalidad cultural, si no que demuestra cómo el cambio de generación en generación, el tiempo, diferencia a las personas. Del mismo modo que lo corrobora el que todos hayan encontrado en algún lugar de su memoria la respuesta a la cita que hacía referencia a una película que se salía de la longevidad de nuestra propia generación, pero que de igual modo nos había llamado la atención lo suficiente como para quedarnos con ella.

Son el tiempo, la memoria y las personas las que nos unen. Por muy insignificante o casi olvidado que esté, siempre va a haber algo que compartamos.

Por ejemplo, a veces sólo hace falta recordar que aunque uno esté en Mordor y el otro en Rivendell, todos vivimos en la Tierra Media.