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domingo, 26 de octubre de 2014

Vainilla.

El frío me pide excusas y me las da.
 
Me exige saber por qué estoy en cama con mi pijama favorito en lugar de dedicarme a tiritar en el mundo exterior. Y por mucho que le diga que prefiero disfrutar de un café y una película en el sofá, su respuesta siempre es la misma. "A mí no me engañas. Te encanta pasar frío."

Y es así. Me encanta abrigarme tanto que parezca un ovillo de lana con cabeza y aún así tener frío. Me distrae y hace que me distraiga. Que busque excusas para pensar en algo que no sea en lo jodidamente helada que estoy, y es entonces cuando el mundo está hecho de detalles. Cuando reparo por primera vez en lo bonita que es la hoja de ese árbol completamente cubierta de rocío congelado. Cuando me convierto en un dragón cada vez que respiro con la boca abierta. Cuando las telas de araña están hechas de perlas de cristal. Cuando, sin quererlo, interrumpo el descanso de un pájaro y abandona su escondite entre las ramas de un árbol tan abruptamente que me da un susto de la hostia. O cuando me arriesgo a una contractura por pasarme media hora mirando hacia arriba, tratando de adivinar detrás de qué nube estará escondido el sol.

Pero mi detalle favorito siempre será la sensación de respirar con la bufanda tapándome la boca y la nariz, porque así el aire huele a mi colonia. 

El frío huele a vainilla.


2 comentarios:

  1. "Que me da un susto de la hostia" xDDDDDDD

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  2. Estamos acostumbrados a juzgar las cosas por el simple hecho de que odiamos parte de ellas, y no nos damos cuenta de que podemos sacar algo de provecho de entre nuestros propios escombros. Me ha encantado la entrada, y tu perfume también. Aquí también hace demasiado frío.
    Huyendo de noviembre en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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