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domingo, 19 de octubre de 2014

No del todo.

Lo difícil no era la guerra, lo difícil era la paz.

Conocían los puntos débiles del contrario. Por eso siempre estaban alerta, esperando el próximo ataque.

Y como de costumbre, nunca ocurría nada. Sólo silencio. Y en cierto modo, eso era lo peor, porque la soledad era el mayor punto débil de ambos.

Y el tiempo seguía su curso, con o sin ellos. Se encerraban en sus mundos y encadenaban el deseo. El deseo de abrazarse, de mirarse, de acariciarse. Lo empujaban al fondo del mayor y más oscuro pozo, porque cada vez que se dejaban llevar no eran capaces de asimilar y frenar las consecuencias a tiempo.

Era como intentar mezclar el fuego con el hielo. Como desencadenar una catástrofe natural en masa. Y lo peor era que cada acto aleatorio del mundo les atraía de nuevo al mismo lugar. Casi parecía que el universo había decidido convertirlos en su nuevo juguete.
Es tan cruel, tan frívolo... sólo se tienen a ellos, y no pueden estar juntos. No del todo.
Quizá... sólo durante el fugaz segundo que dura la pausa final de ese último latido de corazón.

Y así fue como lo entendieron.

Así fue como la Vida y la Muerte se enamoraron.


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