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lunes, 29 de septiembre de 2014

Costumbres.

Me he acostumbrado a ser testigo del trabajo del cartero a las seis de la mañana. Y creo que él se ha acostumbrado a ver la luz de mi habitación encendida. Es la rutina de siempre: primero el ruido, después las luces delanteras entrando por la ventana como si estuvieran escaneando el cuarto, el ruido se aleja, el coche da la vuelta en el cruce al final del camino, el ruido vuelve, luces traseras, el periódico golpeando el suelo del jardín, el ruido y las luces traseras se van.

Me pregunto si sentirá curiosidad. Si pensará que es la habitación de alguien con miedo a la oscuridad, alguien que se siente mejor si duerme en compañía de una cálida luz. O si quizás ya ha adivinado que el dueño de ese cuarto sufre de insomnio.
Aunque lo más probable es que haya dejado de cuestionárselo hace tiempo, o que simplemente no le interese.

Todos nos acostumbramos a ciertas cosas, algunas más extrañas que otras. Los habrá que se hayan acostumbrado al otoño, otros a las duchas frías, a conducir siempre con el depósito en reserva, a no fumar fuera los días de viento para no quedarse sin la mitad de las caladas, al olor de la pintura, a no llegar a fin de mes,  al rechazo, al polvo de reconciliación, a la lluvia, al miedo, a los pingüinos, a los atascos, a las caricias, a los carteros.

Al insomnio.

1 comentario:

  1. Nunca había visto una entrada así, tiene un toque que la hace muy especial.
    Para serte sincera mi parte favorita es la de los que se acostumbran a los pingüinos, en serio, es una entrada maravillosa y has mezclado una pizca de gracia y color con el peso del insomnio y del tema principal de la entrada.
    Simplemente precioso.
    Abrigando a la luna en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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