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martes, 1 de julio de 2014

Lunares y estrellas.

Tengo dos lunares en la palma de la mano izquierda. Uno entre el pulgar y el índice, y el otro justo en el extremo opuesto de la mano, totalmente paralelos. Solía dibujarme constelaciones a partir de esos dos puntos; y la mayoría de las veces, cuando mi cabeza volvía a la realidad, descubría que la tinta del bolígrafo me cubría toda la mano.

La primera vez que me di cuenta de en qué había gastado toda aquella tinta de un viejo, olvidado y probablemente ya destruído boli Bic fue cuando aprendí que absolutamente todo es una reacción en cadena. Hasta lo más insignificante te lleva a algo que recordarás, por lo que te recordarán o que querrás recordar.

Aquel primer día que mi mano se convirtió en un pequeño pero entretenido lienzo hubo dos cosas que me sorprendieron.

La primera, la forma tan extraordinaria en la que perdí la noción del tiempo desde la primera línea hasta la última. Como si en realidad sólo hubiera dibujado un par de trazos en unos cuantos segundos. Y había pasado una hora. Pero esa es la parte que algún día olvidaré.

La segunda fue la que desató la reacción en cadena. El olor de la tinta. Era tan fuerte, y tan característico, que me hizo preguntarme por qué. Por qué olía así, por qué la azul huele más fuerte que la negra o la roja, o por qué la roja es más difícil de sacar de la piel. Lo que me llevó a hacer más pruebas, con distintos colores. Y eso despertó mi curiosidad lo suficiente como para empujarme a hacer una búsqueda en Google sobre el material que constituía la tinta de bolígrafo. Después, acabé descubriendo que en 1888 un locuaz John Loud tuvo la idea de poner esa bolita en la punta del bolígrafo para poder diseñar patrones cómodamente sobre el cuero con el que trabajaba (ha estado muy espabilado usted ahí, señor Loud). De nuevo, la cadena continuó, y me llevó a leer la historia sobre la encuadernación en cuero. Entonces me llamó la atención la pequeña imagen que añadieron como ejemplo, la de un libro antiguo con tapa de cuero llamado "Don Segundo Sombra"; pero antes de que pudiera enterarme qué clase de historia contaba ese libro hubo una parte de mí (la única que parecía poner verdadero empeño en aferrarse a la realidad) a la que se le dio por preguntar cómo coño me las había arreglado para acabar con una obra de Guiraldes si lo único que yo pretendía era saber por qué la tinta de bolígrafo tenía ese olor.

Reacción en cadena.

De hecho, creo que acabo de darme cuenta de que esas reacciones en cadena se cruzan las unas con las otras. Por ejemplo, la de nuestro John Loud se ha alargado tanto que me ha atraído a mí, que se ha enroscado en torno a mi muñeca y me ha llevado a conocer una porción de su historia.

Y añadiendo un nuevo eslabón a la mía... aquí estoy, escribiendo esto.

Y todo empezó con dos lunares.


1 comentario:

  1. Hay constelaciones que nos gustaría acariciar todas y cada una de las noches, pero recuerda, una sonrisa brilla más que cualquier estrella.
    Gotas llenas de rencor en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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