Contador de visitas

miércoles, 11 de junio de 2014

Quiero ser una historia.

De mayor quería ser actriz, veterinaria o escritora. Pero creo que ha llegado un momento en mi vida en el que ya sé con certeza qué quiero ser. Quiero ser una historia.

Lo sé, yo también puse esa cara.

Pero piénsalo. Las crean veintisiete simples letras, pero siempre colocadas de forma distinta, agrupadas en diferentes frases y separadas en distintos párrafos. Nunca habrá una historia igual a otra. Es exactamente como nosotros. Nunca dos iguales. Quizá parecidas, sí, tan similares que se podría decir que son almas gemelas, pero ese tema no entra en el examen de hoy.

Hace falta algo más que un conjunto de letras.
Hace falta algo más que una simple persona.
Necesitamos algo más.

Si no echáramos mano de la imaginación y de las emociones no tendríamos forma de darle vida a una historia. De la misma forma que sin esos dos ingredientes las personas no estarían realmente vivas.

“El orden de los factores no altera el producto.” Nosotros mismos somos la excepción que confirma la regla; porque para darle vida a una historia jugamos con la imaginación y nos peleamos con las emociones; retorciéndolas y quemándolas e iluminándolas.

Pero para darle vida a  una persona, son la imaginación y las emociones quienes juegan con nosotros; retorciéndonos, quemándonos e iluminándonos.


He tardado mi tiempo, sí. Pero ya sé qué quiero ser de mayor. Quiero ser una historia.