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jueves, 15 de mayo de 2014

Un brindis.

Un minuto de silencio, por favor.

Un minuto de silencio por todos los recuerdos fallecidos y por todas las sonrisas en estado crítico. Por los abrazos en coma, y las miradas en estado terminal.

"Lo siento, hemos hecho todo lo que pudimos." No, no lo dijo el médico. Lo adivinamos nosotros.

A veces parece que lo que soltamos es una vida, y no una amistad. Superamos el vacío como superamos una muerte. Qué raro es el mundo, ¿verdad? Hasta que punto los humanos hemos desarrollado tanto la capacidad de querer, que aunque alguien se haya ido por otro camino en lugar de a otra vida, lloramos su pérdida como si se tratase de lo segundo. En cierto modo, me asombra lo destructivo y bello que puede llegar a ser.

Pero en ambos casos, siempre, siempre llegará el día en el que lo aceptemos.

Y por ello, pido un brindis.

Un brindis por esas ráfagas de viento que nos revolvían el pelo y las sonrisas, por las olas heladas y cristalinas que empapaban nuestras piernas y el corazón, por las estrellas y pájaros que fueron testigo de nuestras reflexiones sobre el universo, por toda la música que nos hizo bailar, y por todas las noches que nuestra presencia hacía compañía a ese satélite al que los lobos aullan.

Nadie se va del todo mientras sigamos siendo personas. Porque podemos echar mano de algo muchísimo más poderoso que la ausencia: los recuerdos. Y nunca un "adiós" es definitivo, porque las personas tenemos la esperanza como aliado; y, por una vez, el destino se presenta como neutral.

Así que pensándolo bien... 
                                                    pido un minuto de ruido, un brindis con las copas al revés, y una sonrisa que desentierre hasta los recuerdos más pequeños y casi olvidados.