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sábado, 25 de enero de 2014

Realidades propias y resacas.

No soporto tener frío y a los cinco minutos tener calor. O lo uno o lo otro. Los dolores de garganta a medianoche son el resultado de ese vaivén de temperaturas.

Pero hoy, a finales de enero y a las cuatro de la madrugada, me siento... ¿estable?. Quizá mañana me arrepienta, pero ahora voy a engancharme a esto. 

Voy a quedarme en cama, en tirantes y con el pelo recogido en un desastroso moño; porque el café, el edredón y esta bola de pelo anaranjada que ronronea como el motor de un Impala del 67 me mantienen a salvo del frío, a salvo de la realidad.

Voy a dejar que este momento se congele en el tiempo y seguiré quejándome mentalmente cada vez que las  gafas me resbalen por la nariz, es una sensación divertida; porque cuando los cristales graduados desaparecen y vuelvo a colocarlos para enfocar estas letras mis ojos tardan en acostumbrarse al cambio, lo suficiente como para hacer que sienta un pequeño y fugaz mareo como en esas noches en las que mi única compañía eran las teclas del ordenador y un vaso que todavía olía a Whiskey.

No voy a pensar en nada y pensaré en todo a la vez. Voy a ignorar a ese insolente pájaro que habla consigo mismo a las cuatro de la mañana, y al mismo tiempo voy a dejarme llevar por ese sonido tan impropio de un ave diurna. Voy a mirar a este pequeño felino dormir y de repente le haré cosquillas hasta que me enganche un dedo con sus mini colmillos.

Y repetiré este momento hasta que me canse de la rutina de sentirme así.


Estúpida rutina, arruinas hasta los mejores momentos. 

Pero lo peor, y al mismo tiempo lo mejor de todo es que:


martes, 7 de enero de 2014

Destinatario: realidad.

Querida realidad:

¿Te has dado cuenta de la de veces que te mencionamos? Todos esos... "pon los pies en la tierra", "ahí fuera no todo es tan fácil", "abre los ojos"... llevan tu nombre.

No me gustas. No eres real, como tu nombre dice, eres cruel. Nos preparas para lo peor, porque hasta cuando todo va bien siempre estás tú, escondida por ahí, encendiendo unas crispantes y ruidosas lucecitas en nuestras cabezas.

No estoy diciendo que no tengas razón. Pero a veces nos controlas hasta que nos olvidamos de que no sólo existes tú.

Pero yo no voy a caer. He aprendido de ti, un montón, lo admito. Pero no he olvidado que existe tu antónimo.

Sé vivir con tu compañía, pero ya conoces el dicho; donde caben dos, caben tres.

Y después de soñar con mi propia realidad cada noche siempre estoy más preparada para la tuya cuando me levanto por las mañanas. A veces hasta me escapo a mitad del día, cuando no mira nadie. Cuando mi ruido de fondo es algún tema de Kansas o de Styx, o incluso cuando necesito distraerme de ti durante una de mis migrañas.

El caso es que quiero darte las gracias por enseñarme, y en un futuro volveré a dártelas porque sé que tu lección no ha terminado, ni para mí ni para nadie. Siempre tendrás algo nuevo que mostrarnos. Pero también quiero decirte que dejes de hacerte la listilla, no eres el centro del universo. Bueno... ya sabes a lo que me refiero.

Créeme, no es por ti, es por mí.