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martes, 29 de octubre de 2013

Dobles sentidos I.

Mi costumbre de buscar el doble sentido de prácticamente todo tiene a veces sus cosas buenas.

Ejemplo práctico:

Me he pasado treinta minutos tratando de buscar el bichito de los huevos que provoca que mi móvil no acepte actualizaciones y me devore toda la memoria del teléfono, no la de la tarjeta SD. 

Me he pasado todo el verano tratando de buscar el bichito de los huevos que me satura la memoria y no acepta actualizaciones en ese repelente huésped cardíaco encerrado en mi pecho.

Por fin encontré el problema. Desinstalé todo lo que mi móvil utilizaba para relacionarme con el mundo exterior o para facilitarme algunas cosas, sólo un momento, para poder organizarme. Pasé el antivirus y volví a descargar las aplicaciones, ya actualizadas. Sin versiones entorpecedoras y sin uso. Tenía lo que quería, y mejorado.

Por fin encontré el problema. Desinstalé todo lo que me ataba a esas personas que consumían inútilmente mi memoria. También tuve que quitar, inevitablemente, lo que me unía a esas que aún conservo y quiero conservar. Pero sólo fue un momento. Al volver a descargarlo todo, con sus actualizaciones, esas versiones obsoletas ya no estaban, y lo que me interesaba se quedaba ahí, mejorado.

Sólo necesitaba hacer una limpieza en el sistema.

Sólo necesitaba hacer una limpieza en el corazón.

No perdí nada. Ni archivos, ni fotos, ni música, ni vídeos.

No perdí nada. Ni recuerdos, ni lecciones, ni esperanzas, ni sueños.

Da gusto tocar la pantalla del móvil y que todo fluya sin tropiezos ni bloqueos.

Da gusto empezar de cero, pero sin olvidar lo aprendido.


jueves, 17 de octubre de 2013

Frustraciones y neveras.

Llevo media hora aquí sentada. Vacía de ideas y llena de frío. Quizás no he apagado el ordenador para poder calentarme las manos en el ventilador lateral, y para tener dónde anotar las ideas que decidan aburrirse de jugar al escondite; pero mis manos siguen heladas, y el cenicero se está llenando.

Es frustrante. Completa y jodidamente frustrante.

Así que me levanto. Voy a la cocina y abro la nevera. Y oh, sorpresa, no hay nada de mi gusto. Cierro la nevera, doy una vuelta estúpida por la cocina para luego volver a abrirla. No sé qué parte de mi cerebro decidió pensar que en un escaso minuto se iba a regenerar sola la comida, pero volví a abrirla con toda la ilusión del mundo. 

Y entonces me di cuenta de algo. 

Las ideas son como la nevera. Tiene que pasar un tiempo hasta que haya algo que te guste y de lo que sacarle provecho; si no, tienes que conformarte con algo que no quieres sólo por poder entretenerte un rato. Pero no te gusta, no termina de convencerte. 

Comer por comer, escribir por escribir y fumar por fumar. Es todo lo mismo.

Y llega un momento en el que te saturas. De comida que no te gusta, de humo en los pulmones y de ideas que no reflejan lo que quieres.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Frío.

No hay cosa que más me guste que el frío. Incluso aunque en pleno invierno empiece a quejarme y a desear el siguiente verano. En el fondo me encanta.

Hay miles de sensaciones que jamás serían las mismas si la temperatura no rozase los números negativos.

No podría disfrutar de un buen chocolate caliente, no podría entrar en un bar y sentir que la sangre vuelve a circular por mis manos y mi nariz, ni meterme en cama y enrollarme en el edredón alegando que soy un pastelito recién salido del horno, no tendría una excusa para abrigarme tanto que casi ni se me distinga bajo las capas de ropa, no podría disfrutar del sofá y de una buena película mientras fuera llueve como si alguien allí arriba hubiera decidido hacer una secuela del Arca de Noé, las parejitas no podrían aprovechar para abrazarse en mitad de la calle y ponerle los dientes largos a los que todavía no han encontrado a su media chocolatina. Sí, porque las medias naranjas no existen. Algún día partirás tu chocolatina a la mitad y se la darás a alguien que te sonreirá y te dará su mitad al día siguiente. Su mitad de todo. De su próximo dulce, de su paraguas, de su manta, de su cama, de su almohada y de su vida.

Sin el frío, no tendríamos la oportunidad de encontrar medias chocolatinas y de ser pastelitos recién sacados del horno. 


lunes, 14 de octubre de 2013

Números, papeles y orgasmos.

La vida nos debe tantas cosas que a estas alturas ni si quiera un buen polvo lo arregla.

Nos ata a objetos, gente y horarios. 

Y nadie, ni siquiera nosotros mismos intentamos cambiarlo. Nos acostumbramos a la rutina que nosotros mismos creamos, vacía; y a pesar de ello tenemos el valor de quejarnos.

Mañana iremos a trabajar, o a clase, nos quedaremos en casa o saldremos con los amigos, y en algún momento nos follaremos a un desconocido o a alguien que lleve un tiempo en nuestra vida; a llenar nuestra rutina con números, papeles y orgasmos.

Nosotros solos nos ahogamos en un vaso de agua.



lunes, 7 de octubre de 2013

No todo lo que es oro reluce.

Ni todas las despedidas son amargas. 

Las que duelen, lo hacen porque te están volviendo fuerte. 
Es como tropezar dos veces con la misma piedra: la segunda hostia duele menos.
Pero todo tiene un final, por mucho que lo aplacemos. El verano se acaba, y toca sacar la ropa de invierno del fondo del armario. El cigarro se consume. El café se enfría. Pasas la última página de un libro y lo cierras.
Y queda ese vacío, sí. Pero es un vacío que siempre puede ser reemplazado por otra cosa. Un nuevo libro, un nuevo café, incluso una nueva despedida.
Y toda despedida tiene su lado bueno y su lado malo. Te haces más fuerte, pero te hace más daño. Te subes al coche y vuelves a casa, pero esta vez sin más compañía que tú y el olor de ese tabaco que solíais fumar juntos.

Pero a veces pienso, joder, si no hubiera despedidas, ¿cómo sabríamos hasta qué punto llegamos a importarle a quien se marcha?

Porque como suelen decir: los aeropuertos han visto más besos mucho más sinceros que la mayoría de los banquetes de boda; y las paredes de un hospital han escuchado muchas más oraciones que las de las iglesias.


miércoles, 2 de octubre de 2013

"Cuando los hombres controlen los gobiernos, los hombres no necesitarán gobiernos. Hasta entonces, estamos jodidos."

                                                                                                    -Charles Bukowski.