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martes, 10 de septiembre de 2013

Imaginemos un cambio, un mundo alternativo.

"La Tierra ha sobrevivido a miles de intentos de extinción. Los humanos, pese a todas sus hazañas destructivas, no fueron lo suficientemente insistentes como para acabar con su planeta. La Tierra se mantuvo firme, resistió toda clase de ataque.

Hasta ahora.

La propia sociedad ha desatado el apocalipsis. De la forma más insospechada y aparentemente inofensiva, sí; pero lo ha hecho. Y todo empezó con una rebelión...

Los humanos son egoístas. Aquellos que no se arrepienten de haber traído al mundo a sus hijos en tales condiciones se regocijan en el sufrimiento del resto. La ausencia de puestos de trabajo nunca será importante para los altos cargos porque ellos ya tienen uno. Las guerras entre países no encenderán la luz de alerta roja porque los humanos también son cobardes. Lo quieren todo, pero no se matarán por ello si en consecuencia sólo consiguen que se les arrebate lo suyo. Los de arriba nunca se preocuparán por el hambre y las enfermedades más de lo necesario para ganar publicidad y ser vistos con buenos ojos. Los recursos públicos seguirán privatizándose y poniéndose sólo al alcance de los millonarios hasta que la sociedad sea gobernada por famosos, futbolistas y políticos corruptos. Porque eso es lo que quieren, dejarnos tan indefensos, sumisos y mental y físicamente limitados que no podamos hacer nada para evitarlo. Quieren controlarnos, porque nos tienen miedo. Saben que si los de abajo se mueven, los de arriba se caen. A espaldas de nosotros hay tanta mierda acumulada que ya empezamos a olerla, es una cuenta atrás que va a terminar en cualquier momento y ellos lo saben.
Por eso su desesperación por tenerlo todo y más les ha llevado a los métodos más extremos por conseguirlo. No sólo continúan jugando con la salud de los humanos; si no que ahora también con sus enfermedades. No sólo se contentan con crear el pánico con falsas alarmas de atentados, guerras y catástrofes nucleares; si no que las ponen en práctica.
No sólo se convierten en monstruos.
Si no que los crean.
         Y toda paciencia tiene un límite. A todo el mundo le llega la hora en la que no puede seguir siendo testigo de más muertes, desapariciones, leyes inútiles y otras desgracias. Y un dieciocho de noviembre el pueblo sobrepasó ese límite. Se levantaron y por un momento descubrieron que eran más altos que sus opresores. Y aunque sólo fuera un instante pudieron saborear la libertad; eso era todo lo que necesitaban, un último empujón.
                Y estalló la revolución. Una silenciosa guerra en la que mundo mostraba el aspecto de siempre; incluso con ambos bandos inmiscuidos en ella la sociedad continuaba preocupándose por las apariencias. Y bajo aquella máscara de inocencia el odio y la lucha hervían poco a poco."

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