Contador de visitas

martes, 10 de septiembre de 2013

Buenos días, indiferencia.

Me pregunto qué ocurrirá cuando nos levantemos de cama y descubramos que todos nuestros planes relacionados con el mundo exterior quedarán completamente arruinados por culpa de la lluvia y la tormenta. Quizás en cierto modo lo prefiero así. Quedarme en casa y poder ser yo misma a tu lado. Y que tú no tengas que ponerte tus pitillos y esos tacones que tanto me gusta que golpeen el suelo bajo tus pies.
Pero por ahora no necesito pensar en eso. Lo único que puedo visualizar en mi cabeza es el humo de tu cigarro escapándose despacio de unos labios que no provocan mariposas en el estómago, provocan tanques. Es demasiado temprano, son las nueve, y por alguna extraña razón me he despertado  seis horas antes de lo normal. Quizás sea porque tu presencia mantiene mi cuerpo en un constante vaivén de emociones y ramalazos de adrenalina... o tal vez porque siento que ya no somos las mismas. Ni tú te estremeces de la misma forma con mis caricias, ni yo pongo tanto esmero en ellas. ¿Qué ocurrirá cuando abras los ojos y me veas en el sofá del salón sola? ¿Te acercarás a mí como solías hacer y me darás los buenos días con un beso, o te sentarás a mi lado y compartiremos otro cigarrillo más en silencio? 
No recuerdo en qué momento de la noche pasada, entre los vapores del alcohol, nos prometimos estar ahí siempre; y tampoco recuerdo en qué momento dejamos de querernos.
Alguna parte de mí sabe que esto ya se ha acabado. Y a esa parte no le importa. Y tú sientes lo mismo, lo dijiste en sueños, o quizás en medio de un orgasmo, no lo recuerdo.

Que tu boca no firme cheques que tu cuerpo no puede pagar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario